Hace dos años, en marzo de 2024, Magalí Etchebarne ganó el VIII Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve. No fue un triunfo fácil. Compitió contra escritoras del calibre de Fernanda Trías, Katya Adaui, Nuria Labari y Dahlia de la Cerda. La decisión del jurado formado por Mariana Enríquez, Carlos Castán y Brenda Navarro, no debió haber tenido una jornada fácil. Pero Los mejores días se abrió paso para recibir la presea que dan Ribera del Duero en conjunto con la editorial Páginas de espuma, la gran editorial de cuento fincada en España.
Los ocho cuentos que dialogan entre sí, contando historias de una misma familia, la nuestra, la de nosotros lectores, las historias crudas que atraviesan nuestras genealogías, nuestros secretos y que no nos atrevemos a contar; pues como Jane Austen decía “There are secrets in all families, you know”.
Pero, creo, tal vez, que el jurado adivinó que la relevancia de los cuentos de Etchebarne se basa en su actualidad, especialmente cuando se habla de la infancia y del desamparo. El libro, además despierta una curiosidad desde el inicio por ver la visión de la autora de la maternidad, del despertar de los niños, de la pérdida de las certezas. Los niños de Magali navegan solos por la vida, tienen que sortear, ante los ojos de padres ausentes, aunque físicamente estén presentes, de la demencia senil de los abuelos, el desempleo de los padres, o la desaparición o huida de las madres, una vida llena de obstáculos. Los miembros de las familias son víctimas de los cambios, las mudanzas y las ausencias y se fracturan en grietas que se abren lentamente hasta volverse irreversibles. La capacidad de observación de Magali hace que todo se vuelva más inquietante. Ella observa a sus personajes, no los describe, los espía y en ese ojo escondido los ve de manera más clara. Es el “gaze”. La maternidad aparece sin idealización, los padres oscilan entre la fortaleza, la fragilidad, la ternura torpe y la derrota silenciosa. La crisis económica y emocional no es un telón de fondo sino una fuerza que moldea la subjetividad de los personajes.
Ella escribe este libro al mismo tiempo que su libro de poemas Como cocinar un lobo, que es un libro de duelo y ella misma nos cuenta en nuestra entrevista dice ambos libros están atravesados por la muerte, pero especialmente por el duelo. En Los mejores días los cuentos “Las piedras” y “Temporada de cenizas” son el mejor ejemplo de esto. Ella dice que los tres temas que atraviesan al libro son: la madre, el trabajo, la muerte y el amor.
Hermosísimos son los inicios de los cuentos, con esa fuerza que engancha desde la primera línea y que a la vez demuestra su ojo de lectora-editora. No hay preámbulos innecesarios. Desde la primera línea se ve el ambiente enigmático y ligeramente oscuro, parece que algo va a sucedes de inmediato. Pero no, la tensión se alarga y se alarga en una narrativa que se apoya en la economía del lenguaje en donde el inicio de cada cuento instalar un sentimiento: que nada está en equilibrio. Otro recurso que utiliza son los silencios en las frases que quedan casi inconclusas para dejar al lector en el abismo. Al leer nos preguntamos ¿qué es lo que sigue? ¿qué es lo no dicho? Como en “Cosita preciosa” que inicia con:
“Cuando baja de la sala de operaciones, es otra madre. Está aterrada y es anciana para siempre”.
Las historias se desarrollan en el presente y el pasado, entre un espacio y otro, entre el mundo de los adultos y el de los niños, porque en ellos sucede lo que Ricardo Piglia ha dicho que “un cuento siempre cuenta dos historias”.
La maternidad pesa en Los mejores días porque no hay mejores días, porque tal vez son un espejismo deformado por el deseo a ese momento mejor. Las mujeres reciben a los hijos de todos, educan, dan herramientas para que las jóvenes sobrevivan. En su cuento “Capitán” Magalí dice:
“Algunas mujeres educan a las otras para que en el futuro estas cuiden a sus hombres de sí mismos y reciban con entereza la rabia que despiertas eso. Un hombre, me dijo una vez mamá, es un animal pequeño que se ve inmenso”.
En “Casi desesperados” que es una historia de amor que se acompaña de la música de Nora Jones, especialmente la canción Come away with me. Acá lo que queda es una mirada a algunos centros emocionales que están en la relación de la pareja. Ella nos dice que lo que quería era saber si era posible estirar lo más posible una pelea porque como ella dice: “La pelea es una actividad muy teatral”
Los mejores días cubre los años de la niñez, que deberían ser los mejores días, sin embargo, se cubren de una sombra sobre el sol que debería iluminarlos, como en el beso forzado que da un extraño a una niña a cambio de caramelos y que nos recuerda libros como No aceptes caramelos de extraños de Andrea Jeftanovic; o los juegos familiares entre adultos y niños como en libros como los de Adriana González Mateos o Ethel Krauze. En Etchebarne la subjetividad del niño se construye en la soledad, en lo que le sucede y descubre a solas y en lo que no puede entender,
“Me enamoré de mi primo cuando yo tenía cinco años y él era un bebé”,
dice en “Como animales”. Y es que Los mejores días los niños comprenden pronto, que los adultos no tienen respuestas, que la autoridad es precaria y que el amor no garantiza protección. Ese momento de conciencia es, quizá, el otro centro del libro: el instante en que la inocencia se resquebraja.
Los mejores días es un libro incómodo, porque nos ausculta en esos dolores y en esos centros sensibles y por ello se inscribe en una tradición de cuento contemporáneo en donde las escritoras están marcando la pauta. Es un libro que no puede soltarse hasta que se ha terminado, que demuestra porque Magalí Etchebarne tenía que ganar el Premio Ribera del Duero y porque se perfila como una narradora con una gran precisión, técnica y sensibilidad. Contar lo incómodo en lo cotidiano, requiere de destreza para rehuir sentimentalismos, pero sin caer en lo panfletario, lo explícito y lo repetitivo. Sino en dejarnos con ganas de aprendernos las frases que en lo sucinto dicen tanto
“Las mujeres en esta familia no engendran a sus hijos, se los traen de lugares”.