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Miradas transnacionales a la poesía.

Episodio 610 LAM / Literatura alrededor de la mesa

03/31/2025 · Adriana Pacheco

La poesía es el escenario de la crisis. -Mónica Velásquez"

Adriana Pacheco: Bienvenidos a hablemos escritoras en su edición la literatura alrededor de la mesa este es el episodio 610 y el primero de esta colección de episodios críticos del año 2025. Nos alegra recibir de nuevo a las integrantes de esta mesa crítica hice la cosa, Mónica velásquez, Gabriela polit dueñas, Marta batis y como invitada especial a la poeta y crítica mexicana malva flores quien desde su país se suma hoy a hablar de un género fundamental en la literatura: la poesía.

Malva Flores (Ciudad de México, 12 septiembre de 1961) es poeta, ensayista y narradora mexicana. Ha destacado en la literatura contemporánea por su obra poética y sus estudios sobre literatura mexicana e hispanoamericana. Malva Flores ha publicado varios libros de poesía, ensayo y narrativa. Su obra poética incluye títulos como Pasión de caza, Casa nómada, Ladera de las cosas vivas y El ocaso de los poetas intelectuales. Como ensayista, ha abordado la literatura mexicana y sus relaciones con el poder y la sociedad, analizando el papel de los escritores en la historia cultural del país. Su ultimo libro publicado en 2024 es Manual para el crítico literario en emergencia, un conjunto de ensayos aborda la crítica literaria, la literatura y la defensa del lenguaje. Los invitamos a escuchar el episodio 169 de la temporada de otoño de 2020 para saber más sobre la obra y la carrera de malva flores. 

No olviden visitar nuestra página web también para ver los otros episodios que tenemos delante sobre temas fundamentales como migración cuerpo violencia literatura crítica y más

Yo soy Adriana pacheco y les doy la bienvenida. 


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AP: En Chile en 2024 el premio nacional de literatura fue para la poeta Elvira Hernández punto en el mismo año el premio Bellas Artes en México fue para la poeta Pura López Colomé y esos reconocimientos siempre nos entusiasman pues nos hacen pensar en un cambio en la visión sobre un género tan importante como es la poesía. Lo vimos cuando en 2019 Ida Vitale ganó el Premio Cervantes y lo hemos visto en otras celebraciones y reconocimientos puntos sin embargo los premios no lo son todo tal vez un parámetro una celebración o tal vez lo importante es lo que dice Malva Flores:

MV: Evidentemente, ahora hay un mayor reconocimiento a las mujeres en todos los ámbitos y la poesía no ha quedado al margen de esta ola. Sin embargo, a mí me parece más importante otro tipo de reconocimientos, más allá de los premios cuya resonancia es, la mayoría de las veces, bastante efímera. Pienso, por ejemplo, que deberíamos buscar el número de reediciones de una obra. Eso podría darnos un idea más justa del reconocimiento que es más importante: el de los lectores. Todavía es muy pronto, quizá, para tener esos datos y realizar un análisis más certero, pero, por ejemplo, podemos imaginar la resonancia de poetas como Idea Vilariño, Ida Vitale, o Rosario Castellanos, tomando en cuenta esos parámetros. 

AP: Sí que se re impriman más libros porque eso es señal de que se agotan y por lo tanto están siendo leídos. Leer poesía, leer poesía es lo importante como insiste Martha Bátiz

MB: Un premio como los que recibieron Elvira Hernández y Pura López Colomé habla de un reconocimiento muy merecido, pero habría que ver qué tanto impacto tiene en el mundo real, ese que va a toda prisa fuera del universo literario. Yo aplaudo con mucho entusiasmo que se premie a la poesía y a las poetas, pero me parece igual de importante, o más, fomentar que se lean. Y aunque está habiendo un interés renovado en la lectura de poesía y se está rescatando la obra de poetas, por ejemplo, las uruguayas de la generación de Marosa di Giorgio, mediante traducciones o re-ediciones, creo que todavía falta mucho por hacer para promover de forma efectiva y real a nuestras poetas vivas. Pero por algo se empieza y estos premios son un excelente paso para seguir allanando camino. 

AP: Y siguiendo sobre la conversación de los premios siempre nos preguntamos si no son ya reconocimientos que llegan tardíos pensemos por ejemplo en las edades de las escritoras premiadas con el premio cervantes: María Zambrano a los 71 años premiada en 1988; Dulce María loynaz, premiada a los 79 años en 1992; Ana María Matute premiada a los 85 años en 2010; Elena Poniatowska a los 78 en el 2013; Ida Vitale a los 95 en el 2018 y Cristina Peri Rossi a los 76 en el 2021. Esto lo comenta y amplía Mónica Velázquez pidiendo sumando además que hoy en la era de la inteligencia artificial y las redes sociales los modos de inscribirse en un canon poético han cambiado.

MV: Suele ser más frecuente que los premios validen y reconozcan los tipos más legibles de poesía, por supuesto con excepciones valiosas como el merecido reconocimiento a la poeta Elvira Hernández (que, por cierto, le llega después de una muy larga trayectoria). Pero no se trata solo de repensar la im-posibilidad de la legitimación institucionalizada en una época en que la digitalidad otorga reconocimientos más veloces, ejercido por pares y en muchas partes del mundo al mismo tiempo, casi simultáneamente con la obra. Hay poetas programadores, diseñadores, que difunden sus obras o en redes o en mercadillos casi invisibles para las instituciones literarias. Estos modos de producir, inscribirse o ir por los márgenes de una tradición, circular y legitimarse son modos diferenciados de entender lo poético y para cada uno la noción premio tiene valías diferentes. Habría que rastrear cuánto incide un premio en la venta, promoción, circulación, lectura y crítica de la obra galardonada. No hacerlo, podría derivar solo en algo como un engolosinamiento gremial.

AP: Pero de una u otra manera claro que es importante que se premie a las poetas Gisela Kozak lo dice así.

GK: Sí, efectivamente ha habido premios nacionales concedidos a poetas y también premios Nobel, por cierto, lo que indica que todavía hay un reconocimiento institucional del género, es decir, el campo literario reconoce a la poesía como un género clave de su tradición.

AP: Sin embargo, ¿de qué estamos hablando cuando hablamos de poesía cerramos? ¿De nuestras lecciones escolares? ¿Del Mío Cid? ¿De los poemas de Gabriela Mistral memorizados en clase? ¿De “Mamá soy paquito no haré travesuras”? ¿De “Margarita está linda la mar 3 …”? Mónica Velásquez nos dice que estos muchos matices de la poesía de sus subgéneros de la hibridación son los que la hacen tan fascinante. 

MV: Quisiera pensar, y no es fácil, en varios tipos de poesía que coexisten, desde la más consumida, que pone en escena sentimientos, emociones, percepciones con las que quienes leen se pueden identificar, hasta la poesía testimonio o docupoesía que es la reedición más actual de textos que dan cuenta y, como dice Rivera Garza, se duelen en medio de estados ausentes, negligentes o rendidos a la necropolítica pensada por Mbembe. Pero también está una poesía del pensamiento, anclada en otras lógicas alternativas, que defienden la opacidad, tanto la estética imaginada por Góngora o Lezama como la ideológica planteada por Daniel Tabarovsky, por ejemplo. Una opacidad como signo político de resistencia en tiempos de discursos populistas, delirantes y anuladores de posicionamientos críticos. Y podemos añadir una poesía ligera, lúdica o teñida de otras artes y que se sostiene en la digitalidad y la programación. Habría que precisar, además, las enormes asimetrías entre, por ejemplo, la poesía chilena y la mejicana, la argentina y la boliviana, etc.

AP: Pero hay también otro aspecto que es fundamental cuando se habla de poesía, de quienes permiten que esto trascienda a otros lugares y atraviese otras fronteras, qué es el papel de las traductoras y los traductores. Pienso por ejemplo en nombres de algunas de ellas que además son poetas como Tanya Hungtington, Robin Myers o Rebecca Gayle. Y esto lo saca a colación Malva Flores. 

MF: Otro asunto que hemos olvidado es el papel fundamental de las mujeres traductoras de poesía. Actualmente estoy haciendo un estudio justo sobre las mujeres en las revistas hispanoamericanas del siglo XX y es abrumadora la importancia de las traductoras. Baste decir que sin Ulalume González de León, por ejemplo, las revistas de Paz, Plural y Vuelta, tendrían un rostro muy diferente.

AP: O lo que amplía Martha Bátiz en donde menciona precisamente a Pura López Colomé y nos cuenta más sobre la escena literaria en Canadá.

MB: Creo que al igual que ocurre en la novela y el cuento (e incluso en el ensayo), no se puede generalizar. Cada año, por ejemplo, asisto con una amiga a la lectura en voz alta de los finalistas del Premio Griffin de Poesía aquí en Toronto. Scott Griffin es millonario canadiense que es gran mecenas de las artes y patrocina este premio internacional en el que pueden participar todos los poemarios publicados en inglés en Canadá y el resto del mundo. Un jurado de grandes poetas lee los libros (por ejemplo, un año le tocó a Pura López Colomé ser jurado y le llegaron hasta su casa en el Estado de Morelos decenas y decenas de libros para que los pudiera leer y evaluar) y se otorgaba, hasta hace poco, un premio para el mejor poemario escrito en o traducido al inglés (y a los traductores se les trata, en todos sentidos, como co-autores), y otro para el mejor poemario canadiense. Ahora es un solo premio para el mejor poemario en lengua inglesa. El ganador o ganadora recibe 130 mil dólares canadienses, y los cinco finalistas cada uno diez mil. Scott Griffin organiza con los semifinalistas una lectura en voz alta en el teatro del Conservatorio Real de Música de Toronto y el sitio se llena de gente que quiere eso: sentarse a escuchar poesía como se escucha música en un concierto. Yo no he visto eso en ninguna otra parte del mundo y en ese escenario he descubierto a algunos de mis poetas favoritos, y cada uno escribe de cosas muy distintas. Tal vez algunos temas comunes sean la devastación que producen las guerras. la nostalgia, la violencia colonial, la violencia doméstica, pero fuera de eso he oído hablar de todo y desde todas partes del mundo. Es una noche mágica y definitivamente una de mis favoritas del verano en Toronto. Me recuerda un poco a lo que mi maestro Héctor Mendoza hizo alguna vez con Poesía en Voz Alta. Si la poesía se convirtiera en un movimiento popular masivo, el mundo sería un mejor lugar, no me cabe la menor duda.   

AP: Pero de nuevo, ¿qué es lo que sucede con la pregunta sobre la poca visibilidad de la poesía, es decir el miedo que incluso se le tiene a ser leída y enseñada en las aulas? La poseía se defiende ante esto como un género, como bien dice Martha Bátiz, que nunca pierde vigencia. 

MB: Yo creo que, en general, la poesía es un género que nunca pierde vigencia. El problema es que el mundo literario está regido por cánones que tienen más que ver con ventas y utilidades, y la novela, por ejemplo, sabe defenderse y responder muy bien ante esas exigencias de mercado. La poesía es un género más vulnerable porque, a pesar de que a la gente le gusta cuando la lee (hay varios poemas por ahí haciendo las rondas en redes sociales con cierto éxito), tiene carga con la etiqueta de “aburrida” o “intelectual”. Es, además, el género que, para desgracia de todos, peor suele enseñarse en las escuelas, porque la forma de recitar que aprendemos es acartonada y engolada, y porque los análisis de poesía que se hacen en el aula poco tienen que ver con su belleza o su carga emotiva.

AP: Y hablando de esto recuerdo que cuando entrevisté en el episodio número 347 a Pura López Colomé sobre la batalla que la poesía libra contra la narrativa, ella habló de “la verdad”. 

PLC: Bueno, pues es que la novela se vende, la poesía no, y yo creo que en muy buena medida tiene que ver con una especie de terror que se le tiene a la poesía, porque se sabe que ahí sí la verdad puede decirse y está ahí. En alguno de los caminos que ofrece la poesía, como te decía, múltiples, y no hay poema que realmente sea cabal, que sea unívoco, todos son multivarcantes, aunque sean breves o largos o del tipo que sea, si realmente son poemas.

AP: Y hacernos todas estas preguntas nos lleva a reconocer que la formación de muchos docentes es en la narrativa, aunque sean grandes lectores de poesía, simplemente los campos son bastos. Escuchemos a Gabriela Polit-Dueñas sobre esto. 

GPD: Quizá porque mi formación no empezó con la literatura sino con la filosofía y las ciencias políticas, yo entré a la lectura de poesía con los aforismos de Nietzsche, que fue uno de mis filósofos preferidos temprano en mi carrera. Soy lectora de poesía, pero no la enseño, no investigo y no está incluida en mi cátedra porque siempre he dejado ese espacio lúdico de la poesía lejos de mi curiosidad académica. Es un poco extraño decirlo, porque soy una crítica literaria.

AP: Gisela Kozak habla también de su propia formación.

GK: He trabajado poesía pocas veces a lo largo de mi carrera académica y de escritora. Lo hice para hablar de poesía lésbica venezolana, con figuras como Veronica Jaffe, Ana Nuño, Dinapiera Di Donato, magníficas poetas por demás. Sin embargo, reconozco que desde el punto de vista de la crítica me he inclinado mucho más por la narrativa, sea por mi propia vocación de narradora, sea porque, bueno, la novela es la reina, para decirlo de alguna manera, del mundo literario. No siempre ha sido así, por cierto. Vale la pena recordar que las editoriales, tanto españolas como hispanoamericanas, tenían una línea de poesía muy importante. Y tenían una línea de poesía muy importante porque efectivamente la poesía estaba en pie, la poesía se vendía. Y no siempre fue para élites, ni ha sido para élites en todos los tiempos y en todos los momentos.

AP: Pero hemos estado hablando de la recepción coma de la difusión coma de la enseñanza, pero si no interrogación que hay con la producción los modos y los motivos para hacer poesía y el entrecruce que hoy en día hay con otros géneros como el arte la música y la cultura popular regresemos a Gisela Kozak

GK: Nunca hay que olvidar la enorme riqueza de la poesía popular en castellano. Su riqueza de lenguaje, de ritmo. Y bueno, pensamos en figuras como Amado Nervo, como Rubén Darío, como el propio Pablo Neruda, como Andrés Eloy Blanco en Venezuela y tantos otros, se me escapa en este momento, que fueron leídos por el público y fueron transmitidos incluso de manera oral. Por lo tanto, la poesía formaba parte de la gente. Incluso, ¿cómo negar la influencia de la poesía en la obra de Agustín Lara, por ejemplo? Tantos compositores de canciones que han llegado a altísimas cotas de calidad literaria. Un ejemplo es el premio Nobel Bob Dylan. Yo hubiese preferido que se lo entregasen a un poeta que trabajara exclusivamente en formato libro. Todo esto porque, efectivamente, quiero que se siga leyendo literatura en su formato tradicional de la modernidad. Pero bueno, evidentemente, uno escucha las letras de Natalia Lafourcade, uno escucha las letras de Juan Manuel Serrada, Leonard Cohen, tantos poetas, tantos cantantes que han trabajado con poetas y han compuesto a partir de las influencias de esos poetas. Por supuesto, hay una distancia importante entre las letras de Agustín Lara y las letras de ciertos géneros musicales actuales. Pero bueno, poemas malos y canciones malas ha habido siempre. Creo que la poesía está presente en la vida de la gente, evidentemente que sí, a través precisamente del canto, que duda cabe, pero no está presente desde el punto de vista de sus referencias culturales. No ha habido suerte con su transmisión por medio de la educación formal hasta el punto de que cada vez se lee menos poesía. Se ha convertido en un género erudito, en un género que ha perdido fuelle frente a otras manifestaciones literarias.

AP: Esto me recuerda a Julia Santibañez quien para el episodio 603 y la inauguración de la sección comillas poesía comillas entrevistó a Brenda Ríos a quien también le preguntó sobre este género. 

JS: Quiero preguntarte, ¿pesa la tradición oral en tu obra? O sea, pienso desde la poesía popular por sí misma, que leas poesía popular o no, o quizá poesía popular, por ejemplo, rescatada, recuperada, revalorada, son canciones. ¿Eres consciente tú de esta influencia, digamos, de la poesía popular y de que muchos no consideran poesía, por ejemplo, en las canciones?

BR: Pues no soy tan consciente, pero sí me gusta mucho imaginar que en este caso intento hacer estos poemas. Yo no quiero estar sola, ¿no? Entonces mis poemas son esta manera de tomar la mano de alguien y decir no estoy sola y entonces le hablo, le hablo a alguien…

AP: Hoy nos acompañan en esta conversación dos críticas que además son ellas mismas poetas malva flores y Mónica Velásquez y es fascinante escuchar su pasión por este género y la manera en la que se imbuyen en él hasta hacerlo su vida misma. 

MV: Como docente de poesía latinoamericana, como crítica y como poeta, la poesía no es para mí un quehacer o un oficio, sino una manera de estar en la vida, una pasión que me permite no entender, sino preguntar; no afirmar algo que soy, sino estar en posicionamientos diferentes y contradictorios. Escribir me permite trabajar en intensidad y atención, situarme en los cuerpos, mentes, circunstancias de otras/os ajenos a mí y mirar desde allí la vida, lejos de mis certezas. Pensar la enunciación lírica no es un asunto intelectual para mí, por ejemplo, sino el nombre de un juego que me hace empática con todo lo humano y animal y vegetal y digital. Ya no sé si puede aspirarse, con palabras de Hölderlin y Heidegger, a habitar poéticamente el mundo. Tal vez sea más deseable deshabitarlo, agrietarlo, de “lo lleno” que está, de la desmesura que ya no nos deja categorías para pensarlo e imaginarlo. No con fin de queja, sino por precisión enunciativa, aclaro que en Bolivia existe una Carrera de letras, una materia, en la que muy poco se produce-fomenta la investigación en poesía. Soy la única docente investigadora en el área. Es desde esa soledad y angustia de interlocución que me sitúo.

AP: Para Malva es así: 

MF: La poesía es parte fundamental no sólo de mi investigación o de mi cátedra, sino de mi vida. Escribo poesía desde hace muchos años y comprendí que dedicarse a ello significaba, en el fondo, sólo la representación escrita de una forma particular de ver el mundo. No mejor ni peor que la forma en que novelistas, arquitectos, peluqueros, músicos, físicos, cirqueros, burócratas, etcétera, ven el mundo. Sólo otra. Y que esa forma me permitía encontrar, en el telar del mundo, algunas coincidencias o relaciones inesperadas que hacían posible la construcción de una realidad diferente a la que comunmente vemos. Me gustaría decir que más profunda, pero imagino que cualquiera de las actividades que los seres humanos realizan podrían reclamar algo semejante. Diría, entonces, que la poesía me permite leer el mundo de otra manera.

AP: En 2024 nuestra compañera Mónica Velásquez publicó la antología Poesía en Bolivia (1990-2023) y en el prólogo dice “de estos últimos treinta años se reconocen por lo menos tres actitudes ante/en el lenguaje: algo como una melancolía del sentido que se expresa o vía exaltación de lo nimio o de los resabios de una dimensión sagrada vital… o vía explosión verbal-conceptual”. Escuchémosla ampliar esto. 

MV: En ese texto marqué tres actitudes: la nostalgia por el lenguaje y el sentido; la irreverencia incluso la irrelevancia que concibe a la palabra solo como un registro sin pretensiones; y la parricida, que se fuga de lo lírico hacia otros soportes, que son siempre y, además, otros modos de estar y de pensar.
Hoy el panorama es muy vasto. Entre las tendencias más visibles está, además de las nombradas, aquella ya señal ada por Tamara Kamenszain como una narrativización que se detiene y expande en la anotación de lo nimio e irrelevante como manifestación de un “post-yo” que no se halla en ninguna parte. Está también una modalidad de la metapoesía que no tiene un nombre preciso pues no se piensa a sí misma mientras dice, sino que lo hace desde la conciencia de su sitio de texto en el circuito de producción, difusión, recepción, pienso, por ejemplo, en “Un montón de escritura para nada” de Sara Uribe. Otra es la fuga hacia el poema-ensayo, poema fragmento, poema video, poema danza performance, etc. Esas fugas me interesaba ver en ese libro. 

AP: Escuchando a Mónica velázquez pienso en la clase que la vi dar en su aula en la ciudad de La Paz Bolivia a donde viajé junto con mi hija en 2024. Las académicas que están en contacto con las nuevas generaciones desde esa enseñanza o desde colaboraciones en revistas, tienen una cercanía acerca de las formas en que los jóvenes leen poesía o en las formas en que la producen, como es también el caso de Malva Flores. 

MF: Soy editora de poesía de una revista, de modo que leo mucha poesía de jóvenes de distintos lugares. Coincidiría, parcialmente, con esos señalamientos porque creo que es importante pensar qué es lo que sigue. Efectivamente, la poesía en los últimos treinta años ha cruzado por esos parajes y formas, pero algo que me parece esencial de los últimos tiempos es ver un regreso a cierto tipo de poesía comprometida que se justifica a sí misma creyendo que su tema —la vindicación de las identidades, por ejemplo, o la denuncia de las injusticias— es valioso poéticamente hablando. No creo que la poesía sea valiosa por lo que denuncia, sino por su forma. Sin olvidar, por supuesto que la poesía es, de algún modo, una instancia de la rebelión —desde la lengua— y siempre nos ha hecho mirar, además de la belleza, el horror de lo humano. Pero ahora creemos que somos los primeros en hacerlo. 

AP: No, no somos los primeros en hacerlo y por eso es tan importante revisitar la tradicción junto con ver lo contemporáneo. Es animarnos a nosotros mismos y a nuevos lectores, encontrando nuevas formas de hacerlo en lo que la modernidad nos permite. Escuchemos cómo Martha Bátiz lo hace y lo que nos propone.

MB: Yo disfruto mucho enseñar poesía en mis clases y disfruto mucho de leerla. Además, la recomiendo con asiduidad. La prestigiada traductora literaria Robin Myers tiene un blog desde el cual envía poemas ya sea en inglés o en español todos los días por email a quienes estamos suscritos, se llama Poem Per Diem y yo adoro empezar el día leyendo estos mensajes. Creo que además leer poesía es indispensable para alimentar la propia escritura, porque es en la concisión de los versos que el lenguaje encuentra su mayor fuerza. Siempre he pensado que la novela es como un agua de colonia, el cuento es un perfume y la poesía es un aceite esencial, la base de todos los aromas literarios. Sin ella, todo se desvanece, carece de fuerza y de sustento. En ese sentido, para mí la poesía es fundamental. No la escribo pero soy voraz lectora y gran fan.  

AP: Me encanta la figura, la metáfora, la comparación que crea Martha Bátiz : la novela un agua de colonia, el cuento un perfume, la poesía un aceite. Una vez más vemos que lo importante en estas y otras actividades en torno a la poesía es precisamente ampliar el universo poético y actualizarlo cada día. Yo también sigo a Robin Myers en Substack. Escuchemos ahora las valiosísimas sugerencias que nos hace Gabriela Polit.

GP: María Auxiliadora Balladares es una gran poeta ecuatoriana, me gusta lo que hace. Me gusta Andrea Cote, hay algo de lo cotidiano en estas mujeres, como lo hay en Piedad Bonet. Me gusta leer a las clásicas, Pizarnik y me gusta también María Negroni. Me encanta Watanabe, creo que es de mis poetas favoritos.

AP: Regresemos ahora a Martha Bátiz quien desde Canadá Martha nos va a dar otras referencias.

MB: Al vivir en Canadá, tiendo mucho a leer poesía canadiense, para comprender mejor el país que habito, entonces puedo recomendar a Karen Solie, a Anne Carson, a Dionne Brand, a Klara Du Plessis, a Nicole Brossard, a Sonnet L’Abbé (es autora de uno de mis poemas favoritos, que además es divertidísimo, titulado Theory My Natural Brown Ass, y es un guió hacia la vida académica fabuloso, recomiendo que todas las académicas la lean inmediatamente, pero también cualquier persona, es un poema fabuloso y además es divertido que es una combinación que uno no se encuentra siempre), también a Bronwen Wallace, a Elizabeth Smart y, por supuesto, a Margaret Atwood. No puedo recomendar a una crítica de poesía porque, al no ser la poesía mi especialidad académica, confieso que no leo crítica. Me enfoco en leer la poesía en sí misma y siempre es un gozo. 

AP:  Las aportaciones que hace Gisela Kozak me parecen también reveladoras con nombres que yo, confieso, nunca había escuchado. 

GK: En relación con las voces más poderosas, yo creo que una poeta como Yolanda Panting es un lujo, que Venezuela debe compartir con todo el mundo de habla hispana. Ha sido publicada por Visor. Tenemos grandes poetas, Carmen Verde Arocha, Jacqueline Goldberg, María Antonieta Flores. Es decir, poetas con unas voces muy poderosas y consolidadas que deberían ser leídas en todo el mundo, traducidas, estudiadas. Pero dentro de los hábitos de lectura se perdió el leer poesía. Voy a contar una anécdota personal, pero que creo que puede reflejar un poco lo que pasa. Cuando yo era una niña, en casa de una tía estaba un libro muy grueso, de tapas rojas, llamado El repertorio poético de Luis Gerardo Ramírez. Hay que recordar que declamar poesía era un oficio, un oficio artístico, la gente se presentaba en teatros, etc. Y ese libro estaba puesto en la mesa como material de consulta, por decirlo de alguna manera. Es decir, mi tía se sentaba, abría el libro, leía un poema. Por supuesto, muchos de esos poetas no serían de interés para nosotros ahorita. El caso de Huesa, por ejemplo, José Ángel Huesa. Pero la gente conocía poemas, tenía referencia de que la poesía existía, de que había un poeta que se llamaba Pablo Neruda, por ejemplo. Creo que la poesía tiene una gran oportunidad de popularizarse de nuevo en el mundo digital, por su propio formato. Tiene una gran oportunidad dentro del mundo, por supuesto, del canto. Creo que en este momento es un género que efectivamente no se lee, que sus editoriales son editoriales alternativas, esfuerzos muy encomiables, pero no hay esa fuerza, esa presencia, ese carácter que tuvo en otras épocas. 

AP: De la lista que aporta Malva Flores me da mucha emoción que algunos de esos nombres se encuentran ya en Hablemos Escritoras, en donde estamos comprometidos en nuestra misión de difundir la poesía.

MF: Son tantas las mujeres que escriben buena poesía que seguramente olvidaría a alguien. Anoto sólo algunas mexicanas que me gustan particularmente y que van desde las mayores a las más jóvenes. Pienso en Elsa Cross, Coral Bracho, Tedi López Mills, Elisa Díaz Castelo y Michelle Pérez-Lobo, pero son muchas más. Lo que sí está a la baja, salvo contadas excepciones, es la crítica de poesía. La razón que yo encuentro para ese desastre es que ahora no puedes decirle a alguien que su libro no fue lo suficientemente bueno o que en verdad es malo porque te caen con picahielo y de inmediato te atacan con razones absolutamente extra literarias que convocan a linchamientos en redes, cancelaciones y cosas así. Eso es algo muy grave, me parece, y es muestra de la poca tolerancia que tenemos ante la crítica.

AP: En el caso de Mónica Velásquez ella se va a nombres de otras generaciones que son fundamentales, pero que tal vez sean poco conocidos en otras regiones de este gran continente, de este gran mundo hispanohablante.

MV: Poetas poderosas felizmente hay muchas, mencionaré algunas. Marcia Mogro, poeta boliviana que reside en Chile, cuya obra es experimental y conceptual (es una mezcla entre Jaime Saenz de Bolivia y Raúl Zurita de Chile) y entre las más jóvenes, hay algunas que están explorando esos modos de la poesía desbordada y expandida, como se vio en el libro Poesía en Bolivia: estoy hablando de Paola Senseve (que, a la manera de Eduardo Kac, explora la de-generación de la poesía con lo orgánico y su degradación) y Lucía Carvalho, quien, por ejemplo, programó un bot para que aparezcan en Twitter, poemas del libro Pirotecnia de Hilda Mundy, autora esencial de principios de siglo XX, pero rescatada recientemente. En cuanto a voces críticas, me extenderé a una comarca y no a las fronteras de lo nacional y mencionaré a algunas, porque en verdad mi lista era el triple de esto, a algunas interlocutoras que me han dejado crecer y dialogar con su pensamiento: Blanca Wiethüchter (quien pensó no solo cómo poner en diálogo la poesía con la memoria subterránea de las culturas indígenas en este país, sino en escrituras de “crítica-ficción” que desafían varios presupuestos), Alicia Genovese (que va de la teoría al análisis de poetas específicas), Alicia Salomone, Lucia Puppo y Milena Rodríguez (quienes, entre otras muchas certezas, nos han recordado el peso de las metapoéticas escritas por mujeres), Fernanda Moraga y Magda Sepúlveda (y sus recientes trabajos sobre las poetas mapuches que, lo apunto de paso, se diferencian sustancialmente de los poetas indígenas bolivianos que no quieren adscribirse a lo literario sino volver a los roles y formas de su palabra en sus comunidades de origen por ejemplo), Nadia Prado, Julieta Marchant (que piensan mientras poetizan y viceversa), y bueno podría seguir y seguir. Y, bueno, agradezco a esa comunidad de gente rara que lee poesía.

AP: A mí en lo personal me gustaría mencionar a varias poetas de los pueblos originarios que han enriquecido enormemente nuestro proyecto como: Claudia Castro Luna, Daniela Catrileo, Nadia López García, Judith Santopietro, Dida Aguirre García, Dina Ananco, y por supuesto la maravillosa Elvira Espejo. Y los invito a visitar en la página web te hablemos escritoras www.hablemosescritoras.org y ver en los tags de búsqueda en la combinación poesía y pueblos originarios. Se van a sorprender con todas las voces que ya tenemos ahí. Y después de estas maravillosas conversacións a tantas voces queda esta pregunta que nos pone Jorge Fernández Granados “¿la poesía está en crisis? Y a manera de cierre escuchamos las contundentes respuestas de Martha Bátiz, Malva Flores y Gabriela Polit. 

MB: No, la poesía no está en crisis. Los que estamos en crisis somos nosotros, hemos perdido el faro de lo que es importante y estamos demasiado preocupados por sobrevivir como para tomarnos el tiempo que requiere la lectura de algo profundo. Así como no se puede ir a un restaurante caro y elegante a comer su especialidad a toda prisa como se va a McDonald’s, no se puede leer un poemario con la velocidad con que se lee una novela, sobre todo una escrita para ser best seller. Parece contradictorio, porque la poesía es breve, pero no se trata de longitud del texto (aunque también sabemos que hay una crisis porque los jóvenes ya no están leyendo libros completos, y en las universidades ya no se les están asignando siquiera: ya todo es un popurrí, un remix de los mejores éxitos, de los highlights, para tener una probadita rápida e irse corriendo a lo que sigue, y aunque ese es otro tema, está relacionado con esto mismo). No se trata de la longitud del texto sino del esfuerzo que requiere por parte del lector. Y la buena poesía requiere de concentración, de tiempo para inhalar las palabras, digerirlas, comprender la emoción que evocan, las referencias, etc. Es imposible leer un poemario de una sentada, o al menos yo no puedo, me provocaría un empacho igual al que tuve de niña cuando me comí una caja de no sé cuántos chocolates de un golpe. En cambio, una novela sí nos la podemos devorar en una tarde o en dos, si disponemos del tiempo para darle. Entonces creo que el problema no es la poesía, somos nosotros, y el mundo que hemos creado donde cada vez hay menos sitio para ella. Lo irónico es que yo estoy convencida de que si hay algo que puede salvarnos además precisamnte en esto momentos en que estamos, es precisamente la poesía, porque como dije antes, nos centra en lo esencial, en lo primigenio, en lo vital. 

MF: El artículo de Fernández Granados está cumpliendo veintiún años y en ese periodo ha cambiado mucho el panorama, aunque reiteradamente se dice que la poesía está en crisis o que la novela ha muerto —cosas, ambas, absurdas, desde mi punto de vista—. Hay, sin embargo, un asunto que quisiera rescatar de lo que dijo Jorge. Él apuntó que “la idea de lo espontáneo, lo auténtico, la embriaguez y, en una palabra, de la libertad del yo o del lenguaje —idea conseguida en un gesto inmediato y experimental— fue poco a poco despojando a la poesía de sus mejores recursos.” Eso es verdad, pero yo abundaría diciendo que ese momento ya está quedando un poco lejos y ahora la poesía parece, en muchos casos, la transformación de un “paper” en líneas cortadas. Para mí lo más grave que ha ocurrido es justamente la intromisión de lo académico en la poesía. Pero, por supuesto tenemos enormes poetas que no escriben desde ese lugar.

GP: Creo que en el momento que la crítica literaria se apartó de lo literario y su tendencia fue hacia los estudios culturales, el cine le ganó a la poesía. Digo esto desde el punto de vista desde el interior de la academia americana. Ahora en cualquier departamento de Literatura hay una académica dedicada al cine, pero es más difícil encontrar la académica que haya escrito en los últimos quince años, una tesis sobre poesía. Creo, además, que hay que entender por qué la industria no le pone énfasis a la poesía, porque tampoco se la promueve como la narrativa.  Yo no diría que hay una crisis de la poesía, por el contrario, encuentro cada vez más gente joven que quiere dedicarse o se dedica a escribir este género. He participado de los maravillosos talleres que da Malva Flores en la plataforma de Literal, aquí en Houston y me impresionó siempre la vitalidad de la poesía entre gente muy joven. Lo mismo me pasó en Barcelona en los talleres de Negroni en Lata Peinada había mucha gente joven tratando de encontrar una voz. Y hablar de crisis de la poesía me parece que mejor la pregunta debería estar orientada a qué le falta a la crítica que no se enfoca en ella y qué le falta a la industria cultural, a la industria del libro que no promueve más la poesía. 

AP: Me parece que la poesía está viviendo un gran momento no nada más por los premios que justamente reciben las escritoras sino también por lo que ha sucedido dentro de la misma escena poética con voces como Tedi López Mills que se cuestiona y regresa continuamente a los clásicos o como escritoras como Lucía María treviño que rescribe Delta de sol de Octavio Paz, pero también lo que Gisela Kozak dice y que lo complementa Mónica Velásquez.

GK: Bueno, hay varias cosas. Creo que el hecho de la canción, de la existencia de la canción como lenguaje audiovisual, como lenguaje artístico de la contemporaneidad, primero a través del disco, a través de la radio, a través de los espectáculos actualmente, a través de grandes plataformas, cubre esa necesidad de expresar las propias emociones, los propios sentimientos y las propias inquietudes. La poesía vuelve a su formato original, donde era cantada. Pensemos en Zafo, la idea de la lira, la idea de los aegos y de otras culturas, incluidas las prehispánicas, en México. Entonces, creo que dentro de la educación formal, bueno, no hay interés, no es algo que pueda traducirse, digamos, en dinero. Los maestros y maestras no leen poesía, los alumnos y las alumnas no se interesan en la poesía, se interesan más en otro tipo de lenguaje, sus padres no leen poesía. Es decir, se cortó la cadena de transmisión del entorno cercano. Cosa que no ha pasado, por ejemplo, con la música popular. Desde luego, la poesía también abandonó las formas tradicionales a partir del siglo XIX, que significaban un alto dominio del lenguaje por parte de los poetas que realmente llegaban a ser poetas de referencia. Si no, bueno, se fue por el camino del verso libre y de la ruptura radical de todas las formas, que fue un extraordinario acto de creatividad, pero que también dejó atrás a los lectores. Ya las élites culturales, políticas, sociales, económicas, no leen poesía, no les interesa la poesía. Incluso en la literatura del siglo XIX es muy frecuente la figura de quien lee en los lugares de trabajo. Leía novelas, folletines, etc. En el momento ya eso no ocurre, se oye música, se oyen canciones. Entonces, bueno, digamos que hay unos modos de leer que han cambiado radicalmente con la preeminencia, digamos, del discurso audiovisual y de las tecnologías de difusión del sonido. Reitero, no tiene por qué ser una situación permanente, pero también es cierto que cada vez las nuevas generaciones les es cada vez más difícil llegar a lenguajes complejos. No es necesario para ganar dinero, no es necesario para buscar y explorar la propia subjetividad, no es necesario para entender emociones como el amor o la aventura. Por lo tanto, sí leen, sí consumen cierto tipo de textos, en particular las muchachas, pero no ese tipo de lenguaje.

MV: La poesía es el escenario de la crisis, ese es su sitio enunciativo. Pone en cuestión el lenguaje mismo como constituyente o no de subjetividad, en tiempos de mucha incertidumbre, pero también   un goce de inconciencia que se realiza con discursos populistas y triunfadores. Al hacer del lenguaje el modo central y privilegiado de lo real, la poesía evade usos y discursos que parecen crear una realidad a medida de sus intereses. Me convoca la poesía que opaca presupuestos, que se a-problema, que crea algo como comunidades pop-up que se montan y desmontan y aparecen en otra parte. Unas que posibiliten y trabajen aún por lo común y lo viviente, en permanentes y mutuas reinvenciones... Esa poesía que, por suerte, siempre estará en crisis y provocará crisis (o eso ruego).

AP: Estas palabras de Mónica Velásques casi son gloriosas “la poesía es el escenario d ela crisis”. Y depués de haber hecho este recorrido desde diversas visiones, nombres, contestos de este géneor tan fundamental como lo es la poesía, como el caso de Vaso Roto dirigido por otra gran poeta, Jeaneette Clariond, y muchas más en dondes de crean espacios para las poetas y los poetas. Traductoras y traductores tambien llegan a esos espacios en revistas como LALT y Literal Magazine en donde tambien podemos disfrutar de este episodio. 
Con esto llegamos al cierre de este episodio que nos ha traido tanta dicha y damos las gracias a estas críticas maravillosas: Gisela Kozak, Mónica Velásquez, Malva Flores, Gabriela Polit-Dueñas y Martha Bátiz. 


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Yo soy Adriana Pacheco y como siempre un gusto haberlos tenido en Hablemos, escritoras y en nuestra mesa crítica. 
Hablemos escritoras es un proyecto que se produce en Austin, Texas y es gracias al trabajo de Andrea Macias y Brenda Ortiz, edición de podcast e ingeniería de audio Christian Josephi, y nuestros colaboradores Liliana Valenzuela, Francesca Dennstedt, Anjanette Delgado, Isabel Ibáñez de la Calle, Rose Mary Salum, Teresa López Pellisa, Valeria Rey De Castro, Julia Santibañez. Mesa LAM Gabriela Polit, Gisela Kozak, Lorena amaro, Martha Bátiz, Mónica Velásquez, Mónica Szurmuck. Traductores Alice Banks y Kathleen Meredith.


La imagen de HE es gracias a Enigma y la plataforma a NaZoLab. La música origina Nando Garza. 


Todos los derechos reservados. Marzo 2025